Imaginemos el siguiente escenario. Es el día de San Valentín y nuestro amigo Juan tiene dentro de sus planes invitar a María, la chica que le gusta, a comer pizza a un restaurante en Barrio Escalante. Además de haber comprado una camisa nueva para la ocasión, le pide el carro prestado a su papá, el cual lava y encera.

Inicia su viaje dos horas antes de la cita porque sabe que irremediablemente será víctima de las presas en algún punto del trayecto. Tras haber avanzado unos pocos kilómetros el carro cae en uno de los tantos huecos que hay en la calle y, para mala suerte de nuestro amigo, se le quiebra la rótula derecha.

Ni modo, Juan debe perder minutos valiosos esperando a que una grúa recoja el carro y lo lleve directo a un taller mecánico. Pero ese no el único problema, también debe pagar por el “rescate” y eso implica menos dinero para la velada.

Pero nuestro amigo no se rinde y a pesar de los contratiempos continúa con su misión. Sabe que no debe dejar pasar la oportunidad y eso implica ponerse creativo.

Llega a la casa de María y, casi sin dinero, piensa en un nuevo plan. En vez de pizza decide llevarla a comer hamburguesas a un lugar cercano, y en autobús. Para María eso no es ningún problema, lo importante es la compañía.

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