Ni su candidatura ni su estilo eran una sorpresa, pero la progresión en su intención de voto sí lo ha sido, al menos para mi. Según datos del CIEP, Juan Diego Castro empezó con 5,8% en agosto, subió a 12,6% en octubre, y finalmente llegó a 15% en noviembre, y ese incremento dispara tanto alegría entre sus seguidores como alarma entre quienes rechazan sus ideas y discurso.

Pero indistintamente si se está a favor o en contra de Castro, ante tanta incertidumbre vale la pena estudiar el por qué de ese 15% y qué puede suceder en el corto plazo.

Coyuntura como escenario

El caso por la importación de cemento chino, que golpeó muy fuerte y en poco tiempo a los tres poderes de la República junto a los principales partidos políticos del país, ha creado un espacio para que un político con discurso populista e incendiario obtenga, al menos en las primeras de tanteo, réditos. Y ese, de momento, es Castro.

Para muestra un botón. El 23 de septiembre, en la presentación de su fórmula de campaña, escribió en un tweet diciendo que metería a la cárcel a cualquier diputado que atrapara haciendo un “chorizo”:

Sobra decir que tal acción es imposible en un Estado de derecho porque violenta la división de poderes. Recordemos que ésta, definida por Montesquieu desde 1748 e inspirada en los sistemas políticos de la antigüedad, existe para establecer un sistema de contrapesos, manteniendo así los poderes en regulación mutua y evitando que uno de ellos oprima a la sociedad.

Castro sabe (o debería saber) que lo que plantea funciona en países como Venezuela, no así en Costa Rica, pero es lo que algunos desean escuchar y de momento la fórmula le está funcionando.

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