Esteban Mora

Ideas + Análisis + Opinión

Prisioneros de nuestros sesgos

El 23 de abril de 2018 el príncipe Guillermo de Inglaterra salía del hospital St. Mary luego del nacimiento de su hijo, el príncipe Luis.

Estando afuera el príncipe, mientras intercambiaba palabras con la multitud, dijo la palabra ‘thrice‘ (“tres veces”) y la acompañó levantando tres dedos de su mano derecha.

Principe Guillermo al salir del hospital

Lo hizo así porque el príncipe Luis es el tercer hijo de su matrimonio con Kate Middleton, duquesa de Cambridge.

Pero el inocente gesto de Guillermo, visto desde otro ángulo, parece contar una historia muy diferente, una en la que le muestra el dedo del medio a la audiencia, un gesto bastante obsceno, y aún más viniendo de alguien de la realeza.

Un aparente sesgo obsceno del príncipe Guillermo, imagen que puede alimentar un sesgo contra esta figura

 

Que la imagen con el aparentemente gesto del príncipe se haya vuelto viral en redes sociales no sorprende a nadie, sucede todos los días. Sin embargo, nos obliga a pensar no solo en los elementos que tomamos en cuenta a la hora de entender nuestro entorno, sino también en la objetividad con la que lo vemos.

El punto de inflexión

El 09 de enero de 2018 llegó la respuesta a la consulta hecha por el Gobierno de Luis Guillermo Solís a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) y en cuestión de horas un tema que había pasado casi desapercibido para la gran mayoría de la población, como lo era el matrimonio igualitario, se convirtió en el centro de la discusión.

De un momento a otro la campaña electoral dio un giro de 180°, giro que algunos candidatos ni siquiera se percataron y otros lo aprovecharon, al parecer entre ellos Fabricio Alvarado de Restauración Nacional que pasó de la irrelevancia a quedar a la cabeza en la primera ronda.

Pero no solo la campaña cambió. La respuesta de la Corte IDH fue el punto de inflexión que disparó una serie de cambios bruscos en nuestra sociedad. Uno de ellos fue un incremento en la violencia contra algunas minorías. Grosso modo, la respuesta de la corte fue la pólvora que necesitaba cierta parte de la sociedad para estallar.

La división en la que caímos ayudó a potenciar algunas posiciones extremas, posiciones que reforzaron muchos sesgos de confirmación, limitando con ellos la capacidad de análisis e impidiendo buscar una posición objetiva sobre muchos temas que la demandaban.

Cuando caemos en este sesgo tendemos a aceptar cualquier información que valide nuestra posición, y rechazamos aquella que atente contra ella. O dicho de otra forma, si la información que nos llega confirma nuestra posición la aceptamos como válida, ni siquiera verificamos si es falsa, pero si la rechaza dudamos de ella, sin saber si es verdad.

Caer en un sesgo de confirmación es normal, ninguno de nosotros está exento de ello, lo peligroso es no tomarse el tiempo para investigar si hemos caído en uno y opinar desde dicha posición, lo cuál es muy común.

Realidad distorsionada

Cuando no hay interés en salir de un sesgo nos encontramos de pronto en la búsqueda o la interpretación sesgada de la información para justificarlo. Nuestra mente nos traiciona para hacer aún más fuertes las trabas que impiden un análisis objetivo.

Si llegamos a ese punto difícilmente podremos retroceder y la realidad se distorsiona, y es imposible anticipar la visión del mundo que se construye a partir de dicha distorsión.

Un ejemplo. Semanas después de las elecciones todavía había gente que dudaba de nuestro sistema electoral, uno de los más sólidos de la región, reclamando un fraude. Y no me queda duda de que hoy, meses después, aún hay personas que piensan que existió. Estas personas no están viendo el mismo país que vemos muchos otros.

Nuestra responsabilidad

A pesar de todas las bondades que ofrecen las redes sociales para la difusión de información, éstas también se han convertido en un recurso útil para extender aún más los sesgos. Irónicamente, en vez de ayudar a solucionar el problema, lo están haciendo más grande.

Recordemos que redes como Facebook utilizan algoritmos que determinan qué es “relevante” para nosotros, y tienden a dejar de lado aquello que cree que no nos interesa, posiblemente haciendo nuestra miopía de la realidad aún más severa.

Si realmente queremos hacer una mejor lectura de nuestro entorno estamos obligados a hacer dos cosas. Primero, tomarnos tiempo para validar las fuentes que están construyendo nuestra realidad. Los sesgos no son exclusivos de los civiles, también los tienen las empresas, incluidos los medios. Y no olvidemos que muchos de ellos tienen su agenda particular.

Y segundo, hacer el ejercicio de ponernos en ambos lados de la historia para ver si existe otro punto de vista diferente al nuestro. Y valorarlo.

Regresando al caso del príncipe Guillermo. ¿Qué opinión tendríamos de él si nos hubiésemos quedado solo con la fotografía tomada desde el costado derecho? Sin duda hoy tendríamos una mala imagen. ¿Y es justo? No.

¿Ya caímos?

Una forma muy sencilla de saber si hemos caído en un sesgo es repasando las fuentes que generan la información que compartimos. Si siempre amplificamos a las mismas personas o a los mismos medios, es posible que ya hayamos caído en uno.

Sesgos como barreras

Imaginemos que los sesgos son como barreras que impiden extender nuestro punto de vista, por ende nuestra capacidad para entender el mundo que nos rodea. Si no hacemos un esfuerzo por salirnos de ellos, lo contrario es el único camino que existe, hundirnos más.

Un mundo cada día más competitivo e inestable demanda mayor capacidad de análisis, tanto de la sociedad como de las personas. No importa si es política o economía, la única forma de mejorar nuestra posición es viendo las dos caras de la moneda de forma más objetiva posible, y construyendo a partir de ahí.


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1 Comentario

  1. Cierto. Creo que todos de alguna manera caímos irremediablemente en el sesgo mencionado. Por eso está el país herido de muerte. Debemos hacer un esfuerzo para sanar esas heridas y ver con más objetividad la acera del frente.

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