Es posible que usted, en algún momento de su vida, haya tenido lo que en ese instante parecía ser una gran idea, pero cuya ejecución resultó ser un completo desastre. Si es así, usted no está solo, nos pasa a todos. Puede que a algunos nos suceda con más frecuencia que a otros, pero nadie está exento.

Según Wikipedia, una idea es una representación mental que surge a partir del razonamiento o de la imaginación de una persona, y se consideran como el acto más básico del entendimiento al contemplar la mera acción de conocer algo.

Visto de esa manera, la idea es la piedra angular sobre la cual se construirá una nueva pieza de conocimiento. ¡Genial! Pero entender las ideas desde este punto de vista sigue siendo muy abstracto, nosotros no generamos ideas con la esperanza de aprender algo, lo hacemos con la esperanza de alcanzar un objetivo. Y para alcanzar dicho objetivo tenemos que tomar nuestra idea y llevarla al mundo real, bajarla de lo místico a lo práctico.

Cuando enfrentamos nuestra idea con la realidad la estamos exponiendo a variables que pueden alterar, poco o completamente, el objetivo con el cual fue concebida. Entonces, en teoría, entre más variables se tengan sobre la mesa, menor es el riesgo de fallar.

No obstante la historia nos ha demostrado que aún con las variables aparentemente bajo control una idea puede fallar. El mundo de los negocios hay cientos de casos para estudio, pero el de la introducción la Nueva Coca Cola en 1985 es un clásico.

Nueva Coca Cola

En la década de los 80s, Coca Cola tenía mucha presión por la competencia que Pepsi le estaba dando con su icónico Pepsi Challenge, así que decidió cambiar su fórmula por algo que se “pareciera más a esta”.

Hizo pruebas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, midió todo lo que podía medir, y anunció con bombos y platillos su nuevo sabor. Y fue un completo desastre, la gente la rechazó y se vio obligada a regresar a su sabor original al poco tiempo. ¿Que falló? Aún hoy nadie tiene una respuesta precisa.

Pero también hemos visto ideas que nacieron desafiando la lógica del momento, haciendo caso omiso del status quo, y lograron su objetivo. ¿La pregunta es por qué?

La respuesta parece ser obvia: siempre hay un vacío que le suma incertidumbre a una idea. Y así como es imposible tener todas las variables dentro del mapa, también es imposible saber el tamaño de ese vacío. Es ahí donde nosotros podemos tomar dos caminos: damos un salto de fe y ejecutamos, o entramos en parálisis por análisis. El camino elegido dependerá mucho de la necesidad del momento y de la personalidad de cada quien. ¿Hablamos de corazonadas?

¿Existe entonces?

Dicho esto, sabiendo que hay vacíos incontrolables, ¿existen entonces las ideas estúpidas?

En mi opinión, creo que no. Ninguna idea es estúpida, creo que lo que existe es una idea en la circunstancia equivocada.

Cierto, hay distintos niveles de ideas, desde aquellas maravillas que nos dejaron genios como Leonardo Da Vinci o Albert Einstein, hasta las más mundanas que se nos ocurren todos los días. Pero aún siendo maravillosas o mundanas, no dejan de ser ideas que necesitan de la circunstancia correcta.

¿No se ha hecho usted la pregunta de qué sucedería si una idea que le falló para resolver un determinado problema es aplicada a uno diferente diferente? Tal vez funcione. El problema no es la idea, está en la circunstancia.

¡Al agua gato!

Recordemos el famoso experimento del gato de Schrödinger. En 1935 el físico austriaco Edwin Schrödinger propuso un experimento donde se colocaba un gato dentro de una caja con un gas venenoso y un dispositivo con una partícula radioactiva que tenía un 50% de posibilidades de desintegrarse y liberar el gas y matar al gato. Para alguien viendo la caja desde afuera, sin abrirla, el gato está tan vivo como muerto. O sea, hay una superposición de estados.

Entonces, ¿cómo sabemos si el gato está vivo o muerto? Sencillo, abriendo la caja.

No siempre nos vamos a enfrentar a escenarios 50-50 como en el experimento de Schrödinger, pero siempre nos vamos a enfrentar a escenarios con algún grado de incertidumbre. Sean negocios, decisiones profesionales, lo que sea, no existen los escenarios con un control absoluto. Y la única forma de saberlo es ejecutando la idea. O sea, “abriendo la caja”.

Así que la próxima vez que usted sienta que se le ocurrió la idea más estúpida del mundo, piénselo dos veces, puede que haya algo de mucho valor en ella.


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