Esteban Mora

Ideas + Análisis + Opinión

Política: ¿Juan Diego presidente? Suave, aún falta mucho

Ni su candidatura ni su estilo eran una sorpresa, pero la progresión en su intención de voto sí lo ha sido, al menos para mi. Según datos del CIEP, Juan Diego Castro empezó con 5,8% en agosto, subió a 12,6% en octubre, y finalmente llegó a 15% en noviembre, y ese incremento dispara tanto alegría entre sus seguidores como alarma entre quienes rechazan sus ideas y discurso.

Pero indistintamente si se está a favor o en contra de Castro, ante tanta incertidumbre vale la pena estudiar el por qué de ese 15% y qué puede suceder en el corto plazo.

Coyuntura como escenario

El caso por la importación de cemento chino, que golpeó muy fuerte y en poco tiempo a los tres poderes de la República junto a los principales partidos políticos del país, ha creado un espacio para que un político con discurso populista e incendiario obtenga, al menos en las primeras de tanteo, réditos. Y ese, de momento, es Castro.

Para muestra un botón. El 23 de septiembre, en la presentación de su fórmula de campaña, escribió en un tweet diciendo que metería a la cárcel a cualquier diputado que atrapara haciendo un “chorizo”:

Sobra decir que tal acción es imposible en un Estado de derecho porque violenta la división de poderes. Recordemos que ésta, definida por Montesquieu desde 1748 e inspirada en los sistemas políticos de la antigüedad, existe para establecer un sistema de contrapesos, manteniendo así los poderes en regulación mutua y evitando que uno de ellos oprima a la sociedad.

Castro sabe (o debería saber) que lo que plantea funciona en países como Venezuela, no así en Costa Rica, pero es lo que algunos desean escuchar y de momento la fórmula le está funcionando.

El empuje de los medios

Para un político, la exposición mediática es de vital importancia. Para entenderlo tomemos como ejemplo el Frente Amplio (FA) de José María Villalta (2014) y el de Edgardo Araya (2018). Villalta era un candidato a tomar en cuenta gracias, en gran medida, a la participación en medios de comunicación durante su gestión como diputado. Araya, también diputado, no ha gozado de la misma exposición mediática, poniéndolo en desventaja al iniciar la campaña.

Juan Diego Castro ha gozado de ese mismo beneficio gracias a muchos años de presencia en medios por su carrera como jurista, lo que le da un impulso en una campaña que no termina de empezar. Por ejemplo, al anunciar sus intenciones de luchar por la presidencia sumaba poco más de 240,000 seguidores en su página de Facebook, seguidores que llegaron gracias al ejercicio de su profesión, y no como candidato político.

Polarización como estrategia

Debemos tomar en cuenta que una de las estrategias de esta campaña parece ser la polarización de la decisión, lo que constituye un refrito de 2014 entre Araya (PLN) y Villalta. Crear un enemigo para que el electorado deba decidir entre éste y su contraparte.

Según los datos del CIEP, Castro es ligeramente menos conocido que Álvarez Desanti (PLN) pero cuenta con más opiniones favorables. Entonces, al visibilizar a Castro y darlo a conocer como su adversario, el potencial voto para el PLN se está convirtiendo en un potencial voto para el PIN.

Entonces, lo que no funcionó en 2014 parece que no está funcionando tampoco en 2018, y en el proceso está haciendo aún más fuerte a Castro.

¿Una nueva fuerza?

Tenemos que ponernos creativos y empezar a valorar distintos escenarios en los que se puede desarrollar esta campaña.

La encuesta más reciente publicada por el CIEP nos dice que Castro y Álvarez Desanti se encuentran en un empate técnico con un 15% entre los decididos a votar. Eso implica que el candidato del PLN cayó 5 puntos porcentuales mientras que Castro ganó 2 de octubre a noviembre.

Ahora bien, si vemos el tipo de persona que está decidida a votar por ambos partidos (información publicada en la encuesta de octubre) encontramos detalles interesantes. Ambos candidatos despiertan poco interés por parte de personas de entre 18 y 34 años, aunque sí lo hacen entre personas mayores a 35.

El PLN es más fuerte en el segmento de 55 o más años, mientas que el PIN lo es en los segmentos de 35 a 54, y de 55 o más años. El PLN atrae a votantes con una escolaridad baja, mientras que el PIN logra captar algo entre personas con mayor escolaridad.

Pero como bien lo indica el CIEP, ambos partidos no terminan de atraer al votante de entre 18 y 34 años que constituye el 38% del electorado. Este es el grupo que puede definir la elección y de momento no se ha decantado por ningún candidato.

Entonces, la potencial aparición de una tercera o cuarta fuerza (¿PAC y/o PUSC?), para la cuál parece haber mercado de sobra, puede desequilibrar por completo la marcada polaridad de esta campaña. Pero eso depende de que esa tercera o cuarta fuerza multiplique los esfuerzos desde ahora, no puede esperar hasta enero porque corre el riesgo de disparar el abstencionismo, lo que beneficia al PIN y al PLN.

Dificultades para Castro

Juan Diego Castro tiene posibilidades de ganar al igual que tres o cuatro candidatos más, aunque esta campaña puede tomar cualquier rumbo.

Los partidos han tenido problemas de financiamiento, de credibilidad, de estrategia, entre otros, y todo suma para el parcial que vemos en las encuestas, pero declarar a un vencedor a estas alturas es más un salto de fe que el resultado de un cálculo dadas todas las variables que pueden cambiar.

La campaña no debería quedarse tal cuál está, faltan los meses más fuertes y ellos incluyen los debates más mediáticos donde los candidatos deben mostrar sus propuestas y dominio del aparato estatal. Mantenerse monotemático como lo ha hecho con la lucha contra la corrupción como único eje de campaña puede no serle suficiente para atraer al votante joven aún indeciso.

Tampoco olvidemos los niveles de inversión en pauta publicitaria que los demás partidos tienen y Castro parece que no poder equiparar. Depende de su popularidad, del tamaño de su página de Facebook y de un astuto juego con los medios para conseguir visibilidad.

Al recurrir a la polémica logra captar la atención de más personas gracias al eco que le dan algunos medios. Un ejemplo de esto se dio cuando anunció un potencial fraude electoral al mejor estilo de Donald Trump en los Estados Unidos. Pero si los medios emparejan la exposición, Castro perdería visibilidad fuera de su burbuja.

Curiosamente, si además cesara la campaña para atemorizar a la población para que no apoye a Castro, la que lo vende como un peligro y un agresor, el morbo en torno a su candidatura se reduciría y sería menos llamativa, tal vez reduciendo su intención de voto.

Y finalmente, un detalle a tomar en cuenta es la potabilidad de Castro en digital dentro del segmento que aún está indeciso. ¿Tiene con qué defender su discurso frente a un público diferente y cuyo principal punto de contacto es digital?

En resumen, esto apenas empieza y muchas cosas pueden cambiar, no está decidido ni a favor ni en contra de nadie.


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1 Comentario

  1. Voy con el Dr Hernández y será la sopresa en la cuesta de la última semana de enero. Cuidado con trabajo hormiga del Partido Republicano.

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