Webvan era una empresa que nació con el boom de las punto com en 1996. La idea era que la gente comprara sus comestibles en línea y le fueran entregados en 30 minutos en la puerta de su casa. A todas luces los problemas de logística eran monumentales, pero aún así recibió $3.5 millones de inversión.

El exceso de dinero para invertir gracias a la burbuja de Internet hizo que detalles como la definición del público meta, precios y modelo de negocios se tomaran a la ligera. Sobra decir que en menos de cuatro años Webvan cerró sus puertas firmando un monumental fracaso.

Es posible que usted, en algún momento de su vida, haya tenido lo que en ese instante parecía ser una gran idea cuya ejecución resultó ser un completo desastre. O dicho de otra forma, es posible que usted haya tenido una idea tan estúpida como Webvan.

Si es así, usted no está solo, eso nos pasa a todos. Puede que a algunos nos suceda con más frecuencia que a otros, pero nadie está exento.

Según Wikipedia, una idea es una representación mental que surge a partir del razonamiento o de la imaginación de una persona, y se consideran como el acto más básico del entendimiento al contemplar la mera acción de conocer algo.

Visto de esa manera, la idea es la piedra angular sobre la cual se construirá algo nuevo. ¡Genial! Pero entender las ideas desde este punto de vista sigue siendo muy abstracto, nosotros no generamos ideas con la esperanza de aprender algo, lo hacemos con la esperanza de alcanzar un objetivo. Y para alcanzarlo tenemos que tomar nuestra idea y llevarla al mundo real, bajarla de lo abstracto a lo práctico.

Cuando enfrentamos nuestra idea con la realidad la estamos exponiendo a variables que pueden alterar, poco o completamente, el objetivo con el cual fue concebida. Entonces, en teoría, entre más variables se tengan bajo control, menor es el riesgo de fallar.

La nueva Coca-Cola

No obstante la historia nos ha demostrado también que aún con las variables teóricamente bajo control, una idea puede fallar. En el mundo de los negocios hay cientos de casos para estudio, pero el de la introducción la Nueva Coca Cola (The New Coke) en 1985 es un clásico.

The New Coke
La Nueva Coca Cola de 1985

En la década de los 80s, Coca Cola tenía mucha presión por la competencia que Pepsi le estaba dando con su icónico Pepsi Challenge, así que decidió cambiar su fórmula por algo que se pareciera más a esta.

The Pepsi Challenge
La promoción de El Reto Pepsi

Hizo pruebas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, midió todo lo que podía medir, y anunció con bombos y platillos su nuevo sabor. Pero fue un completo desastre. La gente la rechazó y se vio obligada a regresar a su sabor original al poco tiempo.

¿Que fue lo que falló? Eso es lo más curioso, a pesar de ser un caso de estudio, aún hoy nadie sabe lo sabe con certeza.

Pero también hemos visto ideas que nacieron desafiando la lógica del momento, haciendo caso omiso del status quo, y lograron tener éxito. ¿La pregunta es por qué?

La respuesta parece ser obvia: siempre hay un vacío que le suma incertidumbre a una idea. Y así como es imposible tener todas las variables identificadas, también es imposible saber el tamaño de ese vacío.

Es ahí donde nosotros podemos tomar uno de dos caminos: o damos un salto de fe y ejecutamos; o entramos en parálisis por análisis. El camino elegido dependerá mucho de la necesidad del momento y de la personalidad de cada quien.

¿Existen entonces?

Dicho esto, sabiendo que hay vacíos incontrolables, ¿existen entonces las ideas estúpidas?

En mi opinión, no. Ninguna idea es estúpida, lo que existe es una idea dentro de una circunstancia equivocada.

Cierto, hay distintos niveles de ideas, desde aquellas maravillas que nos dejaron genios como Leonardo Da Vinci o Albert Einstein, hasta las más mundanas que se nos ocurren todos los días. Pero aún siendo maravillosas o mundanas, no dejan de ser ideas que necesitan de la circunstancia correcta.

¿No se ha hecho usted la pregunta de qué sucedería si una idea que le falló para resolver un determinado problema puede ser aplicada a uno diferente? Tal vez funcione. Entonces el problema no es la idea, está en la circunstancia.

¡Al agua… gato!

Recordemos el famoso experimento del gato de Schrödinger. En 1935 el físico austriaco Edwin Schrödinger propuso un experimento donde se colocaba un gato dentro de una caja con un gas venenoso y un dispositivo con una partícula radioactiva que tenía un 50% de posibilidades de desintegrarse y liberar el gas y matar al gato. Para alguien viendo la caja desde afuera, sin abrirla, el gato está tan vivo como muerto. O sea, hay una superposición de estados.

Entonces, ¿cómo sabemos si el gato está vivo o muerto? Sencillo, abriendo la caja.

Debemos tener claro que no siempre nos vamos a enfrentar a escenarios 50-50 como en el experimento de Schrödinger, pero siempre nos vamos a enfrentar a escenarios con algún grado de incertidumbre. Sean negocios, decisiones profesionales, lo que sea, no existen los escenarios con un control absoluto. Y la única forma de saberlo es ejecutando la idea. O sea, «abriendo la caja».

Así que la próxima vez que usted sienta que se le ocurrió la idea más estúpida del mundo, piénselo dos veces, puede que haya algo de mucho valor en ella.


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